periodismo — 9 mayo, 2011 at 18:46

De La Clave a la televisión basura

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Todo un enigma que el director de uno de los programas mejor considerados en la Historia de la Tv española, José Luis Balbín,  explicó en Oviedo dentro del marco de las  I Jornadas de Diseño y Comunicación.  Lo hizo en una sesión cargada de anécdotas y referencias a una forma de trabajar actualmente  extinguida. La Clave sin embargo consiguió el sueño que hoy cualquier productora acaricia, paralizar un país frente a la pantalla del televisor.

He buscado y no he encontrado crítica alguna a ese espacio programado durante dos épocas y dos casas —entre 1976 y 1985 en la  TV pública y entre 1990 y 1993 en una cadena privada— y en ambas ocasiones con un amplio respaldo de la audiencia. Cierto es que no tuvo que competir con la multiplicación de canales presentes en la era digital, ni la rivalidad que para cualquier medio supone la presencia de la inabarcable Internet. Aun así su éxito sólo se explica por el trabajo bien hecho.

La Clave comienza a emitirse dos meses después de la muerte de Franco, con un formato  inspirado en un programa de la TV francesa llamado L’Dossiers de lécran. “A mí lo que me gusta es aprender”, confiesa J. L Balbín (Pravia, 1940) uno de los periodistas más emblemáticos y controvertidos de ese misterioso período conocido como la Transición española. “Teníamos un equipo de documentalistas que trabajaban en un tema durante varios días. Su trabajo pasaba después a manos de los políglotas. Ellos se encargaban de buscar cuales eras las voces de los expertos en esa cuestión a escala internacional”. La complejidad y la pluralidad en el tratamiento de los temas estaba garantizada.

“¿Por qué determinados personajes son héroes en un momento determinado de la historia y villanos en otro?” Fue una de las muchas preguntas que el equipo se hizo al enfrentarse a cuestiones siempre polémicas, dirigidas a un público dividido por una guerra civil y castigado por más de tres décadas de Dictadura. De su afán por lograr un diálogo sosegado entre sectores políticos y sociales enfrentados, dice bastante el hecho de haber sentado en el mismo plató a gentes tan antagónicas como La Pasionaria y Blas Piñar, en un ambiente de entendimiento y ausencia de crispación inconcebible en nuestros días.

“Al principio con la muerte de Franco, todxs querían una televisión pública abierta y plural”, recuerda Balbín. “todxs querían salir en La Clave. A medida que los políticos fueron ganando cuotas de poder y se abrieron nuevos canales y periódicos, las cosas cambiaron mucho. Periodistas y políticos comenzaron a hacerse amigos”. La necesaria independencia de los primeros frente a los segundos se quebró. Las consecuencias de ese intercambio de intereses continúan vigentes.

“Frente a la pérdida del enemigo común, lxs periodistas empezaron a tomar partido. Personalmente considero que aquellos periodistas que tienen una opinión política deberían hacerse políticxs. O se está dentro o se está fuera, pero no se puede estar en medio”. La autonomía, aún en la actualidad, se paga cara. “Mantengo relación con profesionales y altos cargos, me dan todos lo premios, pero nadie me ha llamado para trabajar”, reconoce Balbín, “me han echado de todos los medios creando las condiciones para que me tuviera que marchar”.

A las consecuencias iniciales de esa ausencia de criterio profesional se  sumaron otras que continúan degradando el ejercicio de este oficio.”Se ha llegado al punto en que una de las pocas opciones profesionales es trabajar en programas hechos con poco presupuesto y aun menos esfuerzo, que garanticen una rentabilidad rápida. Dicen que lo que se programa es lo que la gente quiere. Yo no estoy de acuerdo.

La Clave tenía muchísima audiencia, pero también había otros programas interesantes en la parrilla, como el de Félix Rodríguez de la Fuente o 1, 2, 3, donde el entretenimiento no estaba reñido con la cultura. Lo que si implican son costes y tiempo. Lo que hay ahora sólo se explica por cuestiones económicas. Si un programa no tiene unos buenos índices de audiencia en quince días se retira. En esas condiciones ni siquiera La Clave hubiera resistido”

“Cuando se abrió el debate de las televisiones privadas mucha gente pensó que era lo mejor para lograr una televisión plural. La realidad ha demostrado que no es así. Lo que hay son televisiones partidarias o sectarias. Con las autonómicas sucede lo mismo.  Siempre fui un gran defensor de la televisión pública, porque esa debería ser la televisión de todxs los españolxs. Hasta ahora no ha existido realmente una TV así.”

“El hombre tranquilo pegado a una pipa”, como le han llamado, responde a cuestiones planteadas por un público que oscila entre la juventud y la madurez.

“No importa si no llegas el primero, lo que si importa es que lo que cuentas sea cierto, los chismes, destrozan la vida de la gente”, “No es que sean bellas las nuevas reporteras, es que nos las hacen ver así”.

“La televisión en este momento tiene problemas importantes. La frivolidad está por todas partes, los deportes ocupan el espacio reservado a la información. Los que eran buenos han sido absorbidos por contenidos basura, y sus ingresos han aumentado en la misma proporción en la que ha  descendido su calidad profesional. En cuanto a lxs políticxs ya no quieren debatir. Fueron la ruina de La Clave”.

J. L. Balbín no pudo llegar a despedirse de su público. Coincidiendo con la proximidad de las elecciones y el referendum de la OTAN, el programa fue retirado de TVE  en extrañas circunstancias. El último debate pasó a la historia. Se realizó en un hotel de Madrid, dónde el que se convertiría años después en icono viviente de la TV pública, anunció a los numerosos periodistas convocados que la censura a la que había sido sometido por lxs socialistas no la había padecido ni si quiera con el régimen anterior.

“Aceptar que el de enfrente no es imbécil y puede tener una parte de la razón es el primer paso para que el diálogo se produzca”, aseguró a su audiencia. Esa fue precisamente una de las grandes lecciones de un programa que diecisiete años más tarde continua sin haber sido superado.

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