especiales, teatro y cine — 20 noviembre, 2011 at 11:56

49 FICXixón: territorios pantanosos, siempre fértiles

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En mitad del famoso “Día de Reflexión” despertó La 2ª jornada de la 49 edición del FICXixón. En un ambiente de calma tensa que todo lo toca, con escasas expectativas de que pase algo  inesperado. Algunxs habrá que reflexionaron mucho, otros quizá no tanto, otros que en absoluto. Lo hagamos como lo hagamos, la realidad, compleja, continúa transcurriendo en penumbra.

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Para iluminar las sombras y ver más allá de la capa de barniz que se esfuerza en mostrar las apariencias, sirven y mucho películas como las que esta mañana se han presentado en rueda de prensa.

El primer turno le tocó a Ruben Östlund,de talante delicado y pausado. Así se mostró para dibujar las coordenadas en las que se mueve su película, “Play“.

Una historia también delicada pero en otro sentido, porque el territorio social al que se refiere no podría ser  más abrupto y espinoso. Las relaciones de poder entre grupos de jóvenes inmigrantes y autóctonos, basadas en sucesos ocurridos en los últimos años en Gotemburgo, una tranquila ciudad de Finlandia.

Sucesos con ingredientes comunes a otros sucesos ocurridos en otros lugares. Los disturbios en toda Inglaterra durante el verano de 2011 pusieron en evidencia una secreto callado a voces: la ineficacia de  instituciones y medios de comunicación para abordar la realidad social más allá de los titulares.  En esta caso había un elemento claro, se trataba de una población mayoritariamente negra la que parecía haber entrado en una catarsis de furia y violencia.

Un virus que comenzó en Londres y se propagó por todo un país que recibía diariamente con pasmo las noticias de docenas de atropellos. Lo que Öslund cuenta sin buscar juicios rápidos se sitúa en ese debate no mantenido e imprescindible, sobre la identidad de lxs individuxs en el tiempo de la globalización y el consumo, característico de las sociedades del bienestar.

El proceso por el que muchas culturas se desintegran al cruzarse con otras desde planos muy desiguales.  Inmigrantes y autóctonos, ya son de por sí una realidad enfrentada, incluso condenada a no entenderse, mientras persistan los estereotipos.  Y sin duda persisten porque también lo hacen las costumbres los acompañan.

Lo cierto es que “los otros” están ahí, y nos miran, y el desequilibrio entre unos y otros se acentúa. Östlund reconoció que el film estaba resultando muy polémico. “En San Sebastián me preguntaron si es que no me gustaban los negros” reconoció. Pero no se trata de eso, no pretendo hacer una metáfora de la inmigración como problema sino de observar lo que sucede cuando alguien se siente parte de un grupo y pretende representarlo”.

Marie Losier, de rasgos dulces y suaves fue la invitada en la segunda rueda de prensa, “la mayor representación del cine experimental en su vertiente lúdica” —en palabras de Elena Duque— su trabajo entronca con el cine de los ’60,  Jonas Mekas y otrxs…, como entonces su interés se sitúa lejos del cine como industria”.

Siete años de rodaje y ocho de montaje avalan esta pieza trufada de juegos visuales. “A veces no tengo ni un dólar, entonces todo me lleva mucho tiempo” explicó con una sonrisa, en los inicios no sabía nada de Génesis, me impresionó su voz, no sabía si era un hombre o una mujer”.

La retrospectiva a la filmografía de Losier, el tributo más destacado que este año el Festival de Cine de Gijón, dedica a toda una época de la que siempre nos reserva alguna perla. Los ’60 y los ’70 en Estados Unidos y en  Europa, y sus raíces y consecuencias.

Aterrizada en Nueva York con la sólida excusa de acabar un doctorado sobre literatura americana, acabaría por introducirse en la corriente Avant Garde. Pisarle el pie a una leyenda de la música industrial, de personalidad “poliédrica y abstracta”, Genesis P. Orridge,  fue el principio de un largo recorrido.

El resultado es “The ballad of Genesis and Lady Jaye”, “un trabajo que no encaja en ningún género, pero he constatado que públicos muy diferentes han llegado a emocionarse con la película y eso es maravilloso”.

El color, lo delirante y lo divertido, son destellos constantes que esta realizadora va aplicando a modo de campanilla, mientras compone el retrato íntimo de Génesis y su pareja, embarcadas en una peculiar forma de llevar su pasión al extremo, lo llamarán “pandroginia“. Y se someterán a sucesivas operaciones de cirugía para tratar de alcanzar el parecido total, en el intento de convertirse en una sola.

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