especiales, teatro y cine — 21 noviembre, 2011 at 11:32

Androginia, Lenocinio y Catarsis colectiva • 49FICXixon

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Bertrand Bonello

El director de L’Apollonide dejó claro en la rueda de prensa mantenida durante la tercera jornada del Festival Internacional de Cine de Gijón que nunca es enviar un mensaje su prioridad. El cine en sí mismo va primero. Hay dos aspectos que ha cuidado mucho en la película. Uno es la narración en sí misma y el otro un cierto afán por documentar los detalles cotidianos de las mujeres que vivían en lugares como “L’Apollonide“, casa de tolerancia, en el ambiente entre sofisticado y decadente en la que hermosas doncellas prestaban sus servicios a principios del siglo XIX.

“Pensar en que hay un discurso detrás de la película hace que se pierdan los detalles”, aseguró Bonello; sin embargo y aunque éste no fuera su propósito, consigue recordar —como diría una filósofa feminista cuyo nombre no viene a cuento— que entre las que venden su cuerpo se encuentran las más hermosas. Y es a la belleza a la que la fotografía de Joseé Deshais se entrega, obteniendo imágenes que impregnan la piel y el alma de quien las contempla.

 

Sin duda es la estética la que ocupa un papel protagonista en esta historia, contada desde el punto de vista contrario al habitual, ya que en ella los hombres cumplen un papel más bien testimonial.

Serán ellas, su hermandad y su lento deslizamiento hacia el abismo, lo que va dibujando el contorno de la narración en una atmósfera opresiva vestida de cortinajes y alfombras.

Ellas mientras se visten, ellas reunidas alrededor de la mesa, ellas mientras se dejan llevar por el dulce abatimiento de una noche más entregada al champán, a la risa y a la seducción, ellas alrededor de una compañera en el trance de morir por una enfermedad venerea. Finalmente el barco se hunde, algunas son vendidas, otras no, pero cien años después continuan en el oficio.

 

Sobre el cine francés, Bonello reconoció que vive tiempos en los que hay muchísima libertad, “pero tengo la sensación de que no se está utilizando plenamente; por otro lado, el hecho de haber tenido grandes figuras en nuestra filmoteca, ha servido para eclipsar el trabajo de muchos realizadores anónimos”.

Café con Konstantin Bojanoz

El realizador búlgaro explicó que Avé está basada en sucesos ocurridos en su propia vida. “Cuando tenia 19 años uno de mis amigos se suicidó, el mismo día que vimos Easy Rider, película de culto del momento. También conocí una chica que se llamaba Ave y que cambió mi vida. Lo que cuento en esta historia es precisamente eso, la entrada en la edad adulta a través del encuentro con el amor y la muerte”.

Película que según el coordinador del encuentro, parece estar pensada para entrar en diálogo con el presente, por sus personajes desarraigados enfrentándose a un futuro incierto; es para Bojanov ante todo, un ejercicio de realismo poético.

Reconoció sentirse muy feliz de estar por primera vez en España, ya que proceden de aquí algunos de los directores que más le han impresionado, concretamente el cine de los años 70, Víctor Erice, Carlos Saura y cómo no, el mismo Buñuel. También el cine americano del mismo período, en concreto Jerry Schatzberg y su película Scarecrow.

Acerca del cine en su país de origen, se mostró optimista, y comentó que corre un cierto aire de renovación que trasciende los límites habituales de la filmografía búlgara, gente muy joven que está muy motivada y logra sacar sus propias películas adelante.

Imprescindibles

Son dos de las películas cuyos lugares comunes quizá sean o no significativos, ambas están dirigidas por mujeres, ambas son el segundo largometraje y en ambas el sentido del humor es clave para  desatascar a los personajes de los límites de sus dificultades.

Tomboy,

de Celine Sciamma, cuenta un conflicto pocas veces tratado en la gran pantalla, tampoco en la pequeña, porque la realidad a la que alude continua siendo, aunque de una forma más velada, un tabú de proporciones industriales y naturaleza misteriosamente trágica: la identidad sexual, esa que se resuelve de un plumazo con la simpleza de una dualidad más, femenino o masculino, que como tantas otras deja sin resolver las amplias zonas grises que habitan en medio de los extremos.

Tomboy es por eso una película que viene a iluminar oscuridades pertinaces, de la mano de una niña que se siente atraída por otra niña y se empeña en escupir y jugar al fútbol como lo hacen los niños. Laure, de rasgos tan ambiguos como hermosos, se encuentra justo en la edad previa a la adolescencia, en la que los cuerpos aún tiene el mismo sexo que los ángeles, quintaesencia de la androginia.

En su recorrido la acompaña su hermana pequeña, estupendo contrapunto, tan locuaz y avispada, como para ser esconder su secreto con dificultad. Ambas mantienen una relación que proporciona balsámicos momentos de juego en sus vidas.

No es el primer trabajo en el que esta joven guionista y directora francesa se fija en el momento en el que la sexualidad florece, lo hizo antes con su primera película “Water Lilies”. En éste,  su segundo largometraje, muchos son los aciertos y entre ellos a destacar es la dirección de actores, y un guión bien trabado con el que se insinua más que se declara,  Sciamma borda esta deliciosa crónica del despertar al género propio.

La guerre est declarée,

 

 

de la actriz y directora Valerie Donzelli, es una de esas películas que dejan ese sabor ni dulce ni amargo sino fresco  y lleno de burbujas que activan el gusto por la vida. El reto no es precisamente pequeño ni los peligros escasos: contar lo que sucede en la vida de una pareja de jóvenes enamorados, antes y después de ser padres de un bebé con un cáncer maligno.

La posibilidad y hasta la necesidad de convertir esta odisea en drama se transforma en manos de Donzelli, también actriz protagonista y madre del pequeño, en odisea poblada de una sublime combinación de fortaleza y fragilidad a través de matices que exprimen cada gesto y cada momento como lo que son, instantes y emociones  irrepetibles.

Excelente retrato de una familia y de los lazos que se tejen en ella en momentos de sufrimiento extremo. Excelentes también las instantáneas que evocan la fascinación, el cariño, la entrega y la preocupación que los niñxs traen en la vida de los adultos. Particularmente divertidas las escenas en las que la pareja observa al cirujano de la operación de su hijo como un ave de presa, porque sin duda en la práctica sucede algo parecido.

Muy de agradecer es la ventana que esta película deja abierta de par en par, para el entendimiento de una situación límite como una “guerra” al pesimismo o el abandono, a la que hay que enfrentarse con valor, aceptación y con buenas dosis de humor. A eso ayuda un ritmo por momentos tan trepidante como la propia vida cuando miramos hacia atrás. Porque es hacia atrás como está contada; sólo el primer y el último plano nos sitúan en el presente.

Que esté basada en hechos reales y autobiográficos y que su pareja en la película lo sea en la realidad lo convierte en una suerte de catarsis personal, que acaba siendo colectiva por la capacidad de esta cinta para que el corazón se agite, la risa se libere y la esperanza se expanda.

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