especiales, teatro y cine — 25 noviembre, 2011 at 18:17

Cartas, gloria y esquizofrenia en el ocaso del 49 FICXixon

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El documental del austríaco M. Glagower  “Whore’s glory“, premio especial del Jurado en el Festival de Venecia; el del americano Jonathan Caouette “Walk away Reneé“, segunda parte de la multipremiada “Tarnation“;  y la ópera prima del checo Václav Kadrnka “Eighty Letters“, galardonada en el festival de Thesalónica, están entre las joyas de esta 49 edición que el FICXixón ha mostrado.

Retrospectiva Michael Glawogger

“el mundo es consciente de como desea ser grabado”.

El director austríaco, no es tan conocido en España como su amigo y colega Michael Moore. Sin embargo títulos como “Working’s man death” o “Megacities” han dejado huella en los numerosos festivales por los que ha pasado. Su tema clave: contar el mundo.

Whore’s glory“, último de sus documentales estrenado en Gijón, es el resultado de una mirada respetuosa dirigida hacia una realidad que se define precisamente por la ausencia de delicadeza con la que suele ser tratada.

La prostitución como tema, entendida de tres formas que corresponden a tres países, tres lenguas y tres religiones, le vino rodado. En sus anteriores trabajos se dió cuenta que la prostitución era algo que siempre estaba ahí. Los trabajadores cuando terminaban la jornada se iban a buscarlas.

Asi surgió este abordaje filosófico hacia la prostitución y sobremanera hacia el comportamiento sexual y las fuerzas que lo influyen.

A parte de los lugares comunes evidentes, la vida de las prostitutas en Thailandia poco tiene que ver con la de sus colegas en India o en México. Hasta el punto de que cuando las mexicanas vieron las imagenes de la pecera en la que se exhibían las asiáticas se quedaron pasmadas y hasta indignadas. Las diferencias son tan notables como las religiones y los modos de vida que las acompañan en cada lugar. En Bangkokson budistas y es una de las ciudades más modernas del mundo; Bangladesh probablemente una de las más miserables.

Si sorprendente es el acercamiento a su realidad observada con naturalidad y sin juicio moral, aun más chocante puede resultar la intervención de los clientes, que explican sin el menor sentido de culpa por qué acuden a contratar esa clase de servicios.

“Se trata de hacer un click, no tengo un posicionamiento, si lo tuviera sería un político o un trabajador social. Mis películas se acercan más a las bellas artes, creo. El arte no pretende cambiar el mundo, aunque algunas personas me han dicho que hay imágenes que no se pueden quitar de la cabeza”, y quizá de eso es de lo que se trata.

Encuentro con el público

Tras la insistencia acerca de su particular visión de esta realidad por parte de periodistas y público en los sucesivos encuentros mantenidos en la 49 edición del Festival de Cine de Gijón, Glawogger terminó por reconocer que “deberíamos llegar a un tipo  de prostitución de comercio justo” o si se prefiere, legalizarlo y regularlo para que quienes se dedican a ello puedan ser tratadas de forma más humana.

Otra pregunta  recurrente acerca de esta película es por qué introduce la escena del sexo, a lo que responde con gran sentido común: “no se puede tratar un tema sin mostrarlo”.

Respecto a su método de trabajo, se refirió al viejo mito de que es más auténtico el testimonio cuando no ofreces dinero a cambio.

La posición del director austríaco en este sentido es radical: “yo siempre lo hago, me parece más justo ya que si ellos me dan algo, un trocito de sus vidas, lo correcto es que reciban algo a cambio”.

Finalmente adelantó que tras años de abordar distintos temas en sus documentales, en su próximo proyecto el tema y el contenido será sobre la Nada.

“Siempre que viajo me encuentro con muchas historias fascinantes que tengo que dejar de lado porque no encajan en el tema que estoy tratando. El tema es enemigo de los documentales. Ahora quiero contar  lo que veo alrededor del mundo sin ningún objetivo concreto”.

Walk away Renée

Jonathan Caouette, Francia/Reino Unido 2011

Es el título de una canción de los años 60 cuya letra decía:

Just walk away Renée, You won’t see me follow you back home
The empty sidewalks on my block are not the same , You’re not to blame

Foto de http://www.semainedelacritique.com/Y éste es también el título con el que este director escogió titular su segundo y último documental autobiográfico, según declaró en la rueda de prensa mantenida el penúltimo día del 49 FICXixon.

“Es una conclusión tras un largo período registrando mi vida”.

Con Tarnation, el primero, fueron veinte años de grabaciones caseras, fotografías y mensajes de contestador automático para conjurar los demonios de la batalla que le ha acompañado desde siempre, la enfermedad mental de su madre, Renée Leblan, y su enorme sufrimiento.

“La historia de Renée y todo su legado estará conmigo para el resto de mi vida. “Walk away…” no estaba pensada para acabar en el circuito de Festivales, decidí montarlo porque me daba miedo tener todo el material guardado en un disco duro, dónde fácilmente se podía perder con sólo unas gotas de agua”, explica con sinceridad Caouette.

Lo que le llevó a decidir realizar esta película fueron aspectos de esta historia que no había podido tratar en la anterior, como por ejemplo la cuestión de lo absurdo e inhumano del sistema sanitario americano: “Algunxs han pensado que me posiciono contra la psiquiatría, pero no se trata de eso”.

Se señalan elementos filosóficos como la no diferencia entre pasado, presente y futuro, o la existencia de otros universos, que parecen sugerir que el mundo de los que están en otro lugar es tan cierto como cualquier otro: “En esta película se intenta explorar precisamente eso que para nosotros es extraño, pero está ahí.”

Hizo referencia al  interesante momento en el que se encuentra el cine independiente. “En Sundance y en Cannes, se ve que algo está pasando, preguntas clave sobre nuestra existencia estan emergiendo en muchas películas muy distintas…”

Lo que más le interesa es hacer películas que nos recuerden que vivimos y despues morimos.

Eighty Letters

Václav Kadrnka, República Checa 2011.

Es una película pequeña en numerosos aspectos, poco presupuesto, escasas localizaciones, escaso reparto, incluso escasos diálogos. Y sin embargo es una película grande.

Checoslovaquia en 1987, un hijo acompaña a su madre en su peregrinaje para reunir toda la documentación previa que les permita  reunirse con el padre,  ausente tras haber huido a Inglaterra. Las calles desnudas, el soborno y la burocracia, están en su camino para conseguirlo.

Pertenece a ese género de historias que transcurren en un sólo día y en las que la intriga es el motor que provoca la curiosidad desde los primeros minutos a los últimos. Un día en el que el niño se sumerge en la observación consciente hasta alcanzar la mirada de un adulto.

Tal vez por eso y por la limpieza con la que se va desencadenando la acción, lo que queda al final de esta opera prima de tintes autobiográficos, es la sensación de haber asistido a una pequeña perla del cine emergente de los Países del Este. Un relato dónde se alternan los primeros planos detenidos que recuerdan al Bergman de “Persona” y las secuencias dónde el protagonismo es para el sonido de los tacones en el continuo ir y venir.

 

 

 

 

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