especiales, teatro y cine — 23 noviembre, 2011 at 13:58

El día de la militancia y el activismo

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En el ecuador de 49 Edición del Festival Internacional de Cine de Gijón la protagonista de las ruedas de prensa ha sido la militancia. Dos películas, la argentina “El estudiante” de Santiago Mitre y la francesa “Low life” de Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval, y un lugar común, el compromiso político desde posiciones y estrategias diferentes.

El estudiante

Santiago Mitre. Fotografía de http://www.cinenacional.com/

Ha conseguido crear tanta expectación como para circular por unos cuantos festivales y Mitre se muestra satisfecho “tenía ciertas expectativas de que funcionase” reconoce.

No en vano, porque su lupa se detiene en una realidad que apenas posee imágenes: la política en las tripas de la Universidad.

Quería hablar de vocación pero finalmente lo hace de alguien cuyas aspiraciones no están claras:

“el personaje no tiene en principio motivaciónes específicas, es un relato sobre la iniciación a la política. Está en ese limbo en el que no se sabe que estudiar y lo que sí le gustan son las mujeres”.

Sin embargo, casi de una escena a la siguiente, se opera un rápido “despertar”, no de la conciencia, pues en ningun momento defiende ideas, sino de su papel como agente conspirador dentro del entramado altamente politizado de la Universidad en Buenos Aires.

“Poco a poco va a sustituir la erótica del sexo por la del poder, porque me interesaba cuestionar el lugar desde el que los jóvenes entran en política”.  Un lugar habitado por personajes que no despiertan la menor simpatía.

El entorno aparece como una textura monócroma donde nada ni nadie destaca, una suerte de telón de fondo que además hace ruido.  Saturación de planos cortos con diálogos murmurados, apenas  desarrollados, que abundan siempre sobre la misma tesis: las discusiones entre estudiantes son interminables e improductivas.

Un guión y una trama lineal, sin momentos que desaten otra emoción que no sea la mirada fría e inquisitiva de un público más o menos dispuesto a ser llevado.

“No tengo respuestas y sí muchas preguntas” asegura, pero la tesis de la película no ofrece dudas, y si permite algunas conclusiones: la política como espacio habitado por el dogma, la intriga y el ego, es una de ellas. A Mitre la implicación ideológica le parece una cuestión de pose, y/o ambición, es otra.

Una  historia que parece destinada a introducir en el imaginario colectivo una visión un tanto cínica del compromiso en un momento en el que su efervescencia adquiere dimensiones planetarias.

Low Life

Resulta complicado analizar “Low Life” sin referirse a “La Cuestión humana“, obra anterior de la  pareja Klotz y Perceval, porque supone un paso más allá.  Película en su día ninguneada por la crítica y poco tiempo después considerada impresionante e inclasificable obra de culto.

Parábola acerca del poder de las empresas sobre la condición humana, que revela la necesidad de rescatar al lenguaje de los eufemismos y tecnicismos que lo ahogan, para devolverle su capacidad de transmisor de ideas y emociones.

Directors Elisabeth Perceval and Nicolas Klotz of "Low Life" poses during the 2011 Toronto Film Festival at Guess Portrait Studio on September 11, 2011 in Toronto, Canada. September 10, 2011
Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval. Photo by Matt Carr.

Con “La Cuestión humana” queríamos hablar de una maldición que va del pasado hacia al presente, que se refleja en el Fascismo, en los padres y en las empresas…” explica Perceval. “Low life retoma el mismo principio, pero ya no hablamos de recursos humanos sino de jóvenes que se ven atrapados en un momento de guerra cotemporánea invisible”. Carmen, la joven protagonista, lo dice: tiene la sensación de estar asistiendo a una guerra.

Filmar la palabra

Por la boca de los personajes brotan palabras que parecen rescatadas de otras voces, de otras palabras. “Nos inspiramos en espacios y los libros son espacios. La cuestión de la sicología de los personajes no me interesaba tanto, creo que es casi obscena la forma en la que ahora se exhiben las emociones”, afirma la guionista.

Bresson. Fotografía de http://elojoinfinito.blogspot.com

También hay referencias muy sólidas a otras películas que han marcado la historia del cine para traerla al presente. “El diablo probablemente” de Bresson y “Los amantes regulares” de Philipe Garrel, hablan del hastío existencial heredado del fracaso de las generaciones precedentes y el excepticismo y el pesimismo elevado a categoría de paradigma.

Pero  Charles,  jóven de aspecto lánguido y mirada espectral, que comparte nombre y edad con el protagonista de “El diablo…”, no se suicida, vuelve al mundo a través del amor. “Fuí a buscarlo, quise recuperarlo como alguien que tiene una luz intensa, y una capacidad de amar por encima de los celos, acepta que está solo y que el amor va más allá. Cuando dice que para acabar con la mierda que hay, es necesario utilizar una gran violencia, lo dice porque lo cree”  produciendo una especie de renacimiento de la palabra.

 Filmar la revolución

Klotz: “Tengo la sensación de que lo que ha pasado en Madrid y en Túnez ha dado lugar a espacios de vida que implican una parte previa de solidaridad muy importante para construirse, espacios dónde los indiviuos exploran sus propios pensamientos y sensaciones y los ponen en común”.

y Perceval: “los protagonista de esta película no son gente ingenua o naif, son muy lúcidos, conocen la revolución que se está operando. Estan sumergidos en la realidad, son conscientes de que lo peor no ha llegado y su visión es visceral”.

Los apellidos españoles de algunos personajes y el flamenco en la primera secuencia tienen un papel significativo. Lyon, ciudad donde se situa la trama, fue la región a la que más refugiados españoles emigraron tras la guerra civil. Ellos serían los que inciaron la resistencia francesa. Los jóvenes de “Low life” podrían ser sus nietos. Actualmente es la ciudad francesa con mayor número de cámaras de vigilancia.

Protestas en Lyon. Fotografía de http://www.publico.es

“Rodábamos por las noches, y por las mañanas los protagonistas y figurantes participaban en las manifestaciones contra las leyes neoliberales de Sarkozy . Se les aplicó una fuerte represión, durante horas se les bloqueó en un puente, del que no podían salir ni para hacer sus necesidades; se les humilló” cuenta no sin asomo de indignación esta francesa con aire de guerrera.

A diferencia de los estudiantes de Mitre, los que habitan en esta historia no tratan de militar en ninguna organización política. “Lo que realmente quieren es estar fuera del sistema de partidos. Colaboran con redes de solidaridad sin fronteras (RSF) que no se definen por las ideologías sino por otras energías”.

El flamenco, presente en la primera secuencia justo antes del desalojo, representa y remite para Klotz a expresiones artísticas primitivas no controladas que a su vez remiten a la fiesta, paso previo a la revolución.

La emigración como metáfora

Antonin Artaud enviaba cartas quemadas a los colaboracionistas durante el régimen nazi. Decía que el Fascismo era un poder maléfico que se apropia de los cuerpos y de los espíritus.  En este film las cartas quemadas van a parar de los emigrantes sin papeles a otros personajes que de repente mueren o se ven envueltos en problemas.

“El poder en esta historia actúa como una droga, un sentimiento, un conjuro, y en este sentido estamos hablando de Biopolítica”  señala Klotz.

Fotografía de http://tejiendoelmundo.wordpress.com

La dimensión fantástica que aporta el vudú absorve a la dimensión política. Los primeros zombies eran negros resucitados para seguir trabajando. “Nosotros les devolvemos sus capacidades, porque la función del cine es también dar herramientas a sus personajes”.

Actualmente en Francia, y seguramente también en el mundo, muchas parejas como la que aparece en la película, en las que uno de los dos es emigrante, se encuentran en paranoia, se convierten en delicuentes. Uno por no tener papeles, el otro por darle cobijo. Pero esto, no es más que una metáfora de la situación en la que se encuentra el ser humano, aseguran los dos.

“Una obra de arte, una película, no va a cambiar el mundo, pero tiene que aportar aliento”.

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