cooperación — 4 Febrero, 2016 at 16:18

Feminismo, agricultura ecológica y compromiso con todas las luchas sociales.

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El periodista y activista recomienda cambiar la mirada: hacerla femenina, para no pensar tanto en producir y más en reproducir, y hacerla rural y agrícola, no para retroceder sino para recuperar, entre otras cosas, determinados valores.

Artículo de MARIO MARTÍN MATAS

Foto: Gustavo Duch, autor de “Lo que hay que tragar”, <a href="http://blogs.laxarxa.com/extraradi/2010/03/23/lo-que-hay-que-tragar/" target="_blank">als estudis de COMRàdio<\a>
Foto: Gustavo Duch, autor de “Lo que hay que tragar”, als estudis de COMRàdio

¿Por qué da tanto valor a la agricultura en sus libros?

La gran crisis de la sociedad actual es el hambre. Por un lado, es una cuestión muy mal resuelta que afecta a 1.000 millones de personas.

Por otro, es importante porque en una sociedad tan tecnológica y moderna volver a mirar la tierra, el campo y el mundo rural es un ejercicio de abrir la ventana y dejar que entre aire fresco.

En la manera de vivir de los agricultores hay muchos valores que hay que recuperar, como la sobriedad.

Pero cada vez más gente vive en las ciudades ¿no propone una utopía?

Depende de la persona a quien lo preguntes. Más del 50% del mundo ya vive en ciudades, pero esto choca con los límites del planeta. No hay formas sostenibles para movilizar energía y alimentos para una población tan concentrada. Si actualmente lo hacemos, es a base de exprimir otras poblaciones. En Cataluña la población activa agraria no llega al 1% y eso nos hace muy vulnerables. En el campo hay espacio, porque cada vez está más despoblado, pero sobre todo hay que volver culturalmente al el campo. Se nos dice que el mundo urbano es bueno y lo rural atrasado, y no es así.

Alguno de sus relatos habla de un colapso definitivo del sistema actual ¿lo ve cerca?

La idea del colapso es un escenario que genera mucha riqueza imaginativa. No sé qué tipo de colapso tendremos, pero sí creo que no será por el agotamiento de los recursos. Las guerras por el agua, la tierra o el petróleo ya son las guerras del siglo XXI. Yo imagino que técnicamente llegará por la deuda soberana o de las empresas, porque en las sociedades capitalistas la deuda llega a superar las posibilidad de un planeta finito.

Es un panorama desolador.

Gustavo Duch: “Hay muchos valores que recuperar de los agricultores, como la sobriedad”

Al contrario. Creo que un día los supermercados cerrarán porque ya no tendrán alimentos para servir, pero no pasará nada porque se habrán creado las redes de relación directa entre agricultores y cooperativas de consumo. El final no me preocupa, porque estamos en el escenario de romper estos esquemas. Para mí es muy evidente que cada vez hay más experiencias de soberanía alimentaria o energética, de autogestión y recuperación de valores. Todo enfocado en este sentido, porque a pesar de que siga predominando la agroindustria, las nuevas incorporaciones son de gente que piensa en ecológico, en el comercio de proximidad y la comida de temporada. Es un fenómeno global que va más allá de la crisis. Ni resignación ni desconexión, hay una respuesta desde la conciencia.

Se define como periodista y activista ¿es correcto?

Se puede reducir a ser anticapitalista. Diciéndolo en positivo sería estar a favor de la vida. Poner la vida en el centro es el peor ataque que podemos hacer al capitalismo, porque eso acabaría con las guerras, el hambre o el dogma del crecimiento perpetuo. El feminismo lo ha entendido hace años. Julieta Paredes dijo que la humanidad aprendió a violar y a violentar a las mujeres, y como hombres debemos ser decididamente feministas. No en los términos de igualar los dos sexos, que también, sino porque el feminismo rompe con el tronco central del sistema patriarcal, que nos lleva a producir siempre más y a competir. En agricultura se ve muy claro. Estamos produciendo más y más cerdos cuando sabemos que se están contaminando los acuíferos por nitratos. Si fuéramos feministas pensaríamos en reproducir, y que el ciclo pudiera continuar infinitamente.

En todo caso, es muy crítico con los medios de comunicación actuales.

Los medios tradicionales no facilitan que los consumidores ejerzan soberanía. La información general que llega no fomenta el espíritu crítico ni cuestiona los dogmas. También esto está cambiando y cada vez hay más experiencias independientes, locales, que se reproducen más que se producen.

Su libro puede recordar el libro de los abrazos, de Eduardo Galeano ¿es una fuente de inspiración?

Es una referencia, no lo puedo ocultar. Galeano es uno de mis escritores de cabecera, pero nunca he pretendido imitarlo. Tuve la suerte de mantener correspondencia con él, y me prologó el libro anterior a éste, Mucha gente pequeña. Me dijo que no eran cuentos para soñar, sino para despertarse. Sin él el mundo ha perdido un referente, y es una lástima porque echo de menos más voces brillantes. Incluso en el momento que vive Catalunya no encuentras voces que tengan miradas más allá de las dos visiones contrastadas. Nos faltan referentes.

Critica la globalización, pero el libro tiene historias de todo el mundo.

La globalización del conocimiento o de la capacidad de comunicarnos es positiva, pero hay que luchar contra la globalización de los muros. Es una cuestión de actuar en nuestros espacios, tener cuidado de lo que nos corresponde y hablar de la responsabilidad conjunta. Seas de donde seas, las luchas comunitarias sólo se legitiman por el sentimiento de pertenencia común a un lugar concreto.

Entrevista publicada en catalán en ara.cat que publicamos aquí por no estar traducida al castellano. Muchas gracias a Mario Martín por su trabajo.

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