cultura, teatro y cine — 15 junio, 2011 at 13:07

Fundido en Negro

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Víctor Guillot Monroy aterrizó en el CICA un 9 de febrero de 2011 con un proyecto debajo del brazo enraizado en el contexto local y regional pero con mirada universal. Detrás de sus características gafas, la mirada de este periodista asturiano concentra estudio, análisis y observación de la realidad y del cine. Quizá por eso su visión de la gestión cultural contempla la sinergia entre  el conocimiento y  la experiencia.

Foto de Víc­tor Gui­llot Mon­royUn proyecto ubicado en el territorio.

“Siguiendo la máxima de Juan Cueto sobre la dialéctica entre el Oviedo burgués y el Gijón industrial, la primera”, afirma Víctor, “es literaria y la segunda más audiovisual. No en vano la segunda ha sido cuna de grandes pintores, es sede de televisión y absorbe buena parte de la producción audiovisual de la región”.

Y teniendo en cuenta que el productor Juan Gona ha establecido aquí sus estudios de cine , y en Langreo existe un Centro  de Imagen y Sonido , “faltaba un espacio de encuentro y reflexión para profesionales, guionistas, realizadores, iluminadores, etc. y públicos del séptimo arte, en el que el cine por sí mismo ocupase el protagonismo que merece”.

Máxime en los tiempos en los que las nuevas generaciones no han entrado jamás en un cine que no se halle fagocitado entre las paredes de megacentros comerciales; tiempos en los que, de los viejos cines, como el mítico Cinema Paradiso, sólo queda si acaso unas ruinas por todo testimonio.  En un contexto tal, la idea de un lugar para recordar y/o experimentar la sensación de ir a ver cine, en el que no se vende nada más que tiquets para viajar por la fábrica de los sueños, se llama “Filmoteca”.

Puentes y Sinergias

Y ese es el desafío que Monroy aborda con un programa integral que quiere cubrir varios flancos.  La presentación de libros de cine, como el reciente dedicado al Neo Noir , arropado por un ciclo de cine negro que se extenderá a lo largo de todo el mes de junio, o la retrospectiva a Carles Balaguer y su clase magistral a los estudiantes de la escuela de imagen y sonido, son algunos de los pasos dados para crear puentes y sinergias entre programación, divulgación y formación.

Antiguo cine Olympia

“La experiencia tuvo mucho éxito. Los chavales estuvieron muy receptivos.”  asegura Víctor con gesto entre sorprendido y agradecido.

“Y es que de nada sirven las acciones aisladas. No se puede programar una exposición y ya está. Eso sólo vale con los grandes museos. Los pequeños tenemos que crear dinámicas. No se puede desaprovechar la oportunidad de ligar la exposición a la realidad que contiene.”

A esa lógica también responde  la programación paralela, esta vez con un ciclo de Jazz, género al que el Neo Noir recurrió con  frecuencia en los años sesenta y setenta.  “Aproximarse al cine significa también acercar esos recursos que hacen falta para  saborearlo. Sin pedanterías, dejándose llevar por el ánimo y el espíritu del cine.  No es un encuentro de críticos sesudos con gafas de pasta. No está dirigido a la élite de la ciudad”.

Y funciona, la prueba es que  la cinematografía de alguien tan poco ortodoxo como Jose Luis  Guerín llenó la sala.

“Es alucinante que ‘Tren  de sombras‘ haya conseguido reunir a más de treinta personas, muchos de ellos jóvenes. Y no es menos sorprendente que espectadores de menos de 20 años hayan venido a ver una película como Harry el Sucio.”

Muy de  agradecer es la presentación previa que el actual coordinador realiza ofreciendo algunas claves para la contextualización del film.

Instituciones versus Producción Cultural

Arte efímero de Chiharu Shiota. Insilence
Arte efímero de Chiharu Shiota. «Insilence»

“Venimos de un modelo de gestión cultural decimonónico y muy encorsetado; de vino español, autorías y nota de prensa que al día siguiente se olvida. Está del todo obsoleto.

Modelos como el de la Casa Encendida,  señalan lo que la sociedad necesita para conectarse con la industria cultural, no sólo como consumidor, sino como agente activo en su producción.”

 

“En Gijón existe un espacio como Tabacalera. Y lo que han pensado los políticos es convertirlo en Museo de Gijón, colgándole ya de paso a la ciudad  un símbolo sin vida. Existe un problema de política de cultural sujeta a las pautas del presupuesto, que agrega actividades sin más y que no está mirando de frente a la industria cultural .”

 

Su gesto es apasionado cuando se refiere a las pequeñas editoriales de las que viven muchas familias y las galerías de arte, muchas de ellas con solera y otras recientes con propuestas arriesgadas.

“Existen porque la gente demanda cultura. Pero las instituciones públicas se han dedicado a la subvención antes que a estimular dinámicas que permitan a la industria sostenerse por sí misma.  Por ejemplo creando seguridad jurídica para  facilitar la exportación de los contenidos culturales producidos en Asturias.”

“A la falta de visión de la administración, le ha acompañado además”, añade, “la falta de transparencia y democracia en la gestión de los recursos, subvenciones, concursos, premios… por lo demás las subvenciones son el grillete de los artistas.”

Y, por si lo anterior no fuera suficiente, como decía Ortega y Gasset , “los asturianos somos intransitivos, no hemos sido capaces de traspasar los Picos; y es necesario tener un sentido deslocalizado de la Cultura. El mismo Juan Cueto que es un visionario, se ha hartado de decir que esa es la verdadera clave de la  modernización”.

Cine Negro y Neo Noir

Como cualquier otra forma de energía, el cine negro no nace ni desaparece, se transforma. Así de bien lo explicó Jesús Palacios durante la presentación de uno de sus últimos alumbramientos editoriales: Neo Noir, CINE NEGRO AMERICANO CONTEMPORÁNEO. Un proyecto donde da voz a autores asturianos como Pepe Colubi, Manolo Abad o José Havel y de otros puntos de España. Una crónica pormenorizada que toma el pulso al cine negro pero también al cine en esencia.

 

Desde finales de los ’60, ocaso de la etapa clásica, el cine negro no ha dejado de mutarse y cruzarse con narrativas postmodernas.

“Sin pretender ser enciclopédico”, pero a punto de lograrlo, Neo Noir dedica una primera parte a las variantes temáticas en las que este género entre los géneros, se ha ido fragmentando. Así nos encontramos con cine negro doblemente negro, cine étnico y negro, cine negro radical, cine ciberpunk…  mosaico de matrices que dan forma y fondo a este proyecto demencial, en palabras de su propio coordinador.

Una segunda parte se centra en las personalidades. Y en este punto hay que decir que no están todos los que son, porque no está  David Lynch, pero son todos los que están. Presentes están Polanski, Tarantino, cineasta este último criado en la cultura popular pero tambien en la más alta cultura, “paradigma del  Neo Noir postmoderno que ha hecho escuela sin dejar de ser comercial” Palacios dixit,  y películas como “Bonny and Clyde” que dan fe de las apasionantes mutaciones que el cine en cuanto a lenguaje no ha dejado de experimentar prácticamente desde sus inicios.

Aquellos elementos que definieron el Noir en su época dorada, cierto compromiso social y el pesimismo característico de los años 50, han pervivido de una u otra manera en el Neo Noir. Si algo ha cambiado es la conciencia que unos y otros tenían de sí mismos. Mientras los primeros no sabían que estaban haciendo cine negro, los segundos se sumergen en un juego de referencias continuas a todo lo que les precede y admiran.

Un ejemplo que ilustra bien lo anterior es la decadencia del detective privado. Un personaje sin ideología,  contaminado por lo que sucede a su alrededor, viene a sustituir al clásico héroe americano. El moderno se distingue también del clásico cine negro por adoptar cierta tendencia a la distopía. No por casualidad, pues ambos, Noir y distopía, comparten preocupación por llegar a saber quien mueve realmente los hilos. Es lo que sucede con “Blade Runner” o la primera entrega de “Matrix“.

Pocos géneros como el negro, señaló Palacios, son tan metafóricos y calzan tan bien con la realidad, por eso es un instrumento perfecto para analizar y observar con lucidez la sociedad.

 

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