salud — 28 Noviembre, 2011 at 12:27

La estrategia del caracol

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Fotografía de Alberto Cabero. http://albertocabero.blogspot.com
Fotografía de Alberto Cabero. http://albertocabero.blogspot.com
El tiempo aun hoy es un enigma que nos empeñamos en conquistar acelerando el ritmo. Sin embargo el arte de reducir la velocidad a la que vivimos, es para muchxs la única vía posible para salvar el planeta y liberar a la próxima generación del apresuramiento continuo, la gran tarea pendiente.

El tiempo

de todo el tiempo que ahorraba, no le quedaba nunca nada. Desaparecía de modo misterioso y ya no estaba. Momo.

El arte, la imaginación o incluso dormir se convirtieron en pérdida de tiempo cuando los hombres grises llegaron a la ciudad. Y todo se hizo estéril. Pocos lo explicaron tan claro como Michael Ende en 1973.

Hemos aprendido, porque así nos lo enseñaron, a escatimar tiempo a las relaciones, a la creatividad, a la alimentación… Todo para correr detrás del progreso, un discurso que ahora se ve forzado a sosegarse. De un lado por lo que unos llaman desaceleración y del otro por lo que se viene nombrando como decrecimiento.

La primera es la expresión elegida por la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, en recientes declaraciones para calificar el estado en el que el mundo está inmerso, en la reunión del G-20 sobre la crisis de deuda.

La segunda responde a un pensamiento que crece paralelo a la necesidad de cambiar patrones de comportamiento para superar los desafíos del nuevo siglo.

En un caso y en el otro, el tiempo es la clave.

Los costes de la velocidad

Nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar, y para realizar tal deseo se abandona al demonio de la velocidad. Milan Kundera

Fotografía de http://misfondos.com.es
Fotografía de http://misfondos.com.es

La argumentación en favor de ir más despacio empieza precisamente por la economía. El capitalismo moderno genera una riqueza extraordinaria pero, no sólo la distribuye a su manera, sino que devora los recursos de un planeta superpoblado a mayor velocidad de la que éste requiere para regenerarlos.

Otro motivo de peso es el incalculable coste humano.

El llamado estrés laboral se cobra cada año mas víctimas. Los Riesgos Psicosociales han dejado de serlo, no por haber desaparecido, sino porque se han convertido en una realidad tangible y que convendría llamar ahora Daños Psicosociales”. Las Falacias del Tecnomanagement – Michel Henric-Coll –

Y el coste personal. Mientras todo rinde culto constante a la velocidad, la enfermedad del corazón también llamada ‘enfermedad del tiempo’ se han convertido en concepto médico aceptado y es considerada la mayor causa de muerte .

La Lentitud

Tras el éxito logrado por el periodista canadiense Carl Honoré con “Elogio de la Lentitud” en 2004 una cosa parecía quedar clara : La lentitud no es torpeza, sino calma. Así como cualquier decisión importante requiere su tiempo, sabemos que si no queremos resultados mediocres lo que necesitamos es precisamente tiempo.

En el camino a la recuperación de un ritmo más lento, la principal conquista se haya en el interior de la cabeza: nuestra forma de pensar. Preguntarse cómo dominar el instinto de acelerar es tanto como preguntarse a dónde queremos llegar tan deprisa y para qué.

A cambio los beneficios de reducir la velocidad de la mente son incontables, serenidad, concentración, salud y lo que Kundera llama la “sabiduría de la lentitud” son algunos de ellos:

el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido. Milan Kundera.

Para millones de personas en el mundo el arte de descansar la mente es simplemente el secreto de la energía para lograr grandes conquistas.

Slow Life Proyect

Fotografía de http://www.apoloybaco.com
Fotografía de http://www.apoloybaco.com

Un caracol suele ser el sello que les caracteriza, su expansión ha ido sin prisas, pero sin pausa.

Aunque su nombre hace explícita alusión al fast food, va mucho más allá. Sin embargo no deja de ser significativo que comenzara como reacción a la forma acelerada en la que nos alimentamos.

Corría el año ’86 y el sociólogo y escritor Carlo Petrini se quedó pasmado cuando se encontró frente a una multinacional de la comida rápida en plena Piazza Spagna romana.

En ese momento comprendió hasta que punto la gastronomía estaba en peligro y necesitaba ser defendida como un bien cultural más.

Para hablar de calidad alimentaria los productos deben cumplir tres condiciones: ser buenos, limpios y justos. Buenos, porque los alimentos deben generar placer. Limpios, porque la producción alimentaria no puede permitirse seguir ofendiendo a la naturaleza ya que ésta ha alcanzado un punto de no retorno. Y justos, porque quien trabaja la tierra tiene que recibir un salario justo. Carlo Petrini.

En 2004 Petrini fue considerado por la revista Times uno de los 100 héroes europeos y propuesto por The Guardian como una de las 50 personas que podría salvar el planeta.

La propagación de la idea fue inmediata. Proteger el producto estacional, fresco, autóctono, al tiempo que a los productores locales y a la diversidad frente a la amenaza de los monocultivos intensivos, se convirtió en antorcha que a día de hoy sigue pasando de mano en mano.

Tras la comida fueron apareciendo otras parcelas de la existencia que también reclamaron su propio tiempo: la educación, la salud, el trabajo. Actualmente es una corriente cultural que propone recuperar las riendas del tiempo de vida.

Fotografía de http://www.recicleta.cl
Fotografía de http://www.recicleta.cl

La comunidad global Slow está repartida por todo el mundo. Sus miembros se organizan en “Convivía” o grupos locales, pero también existen ciudades enteras que aspiran a la marca de Ciudad Lenta. Con un sello llamado “Baluarte” identifican y protegen productos al borde de la extinción.

Sus partidarios no son tan ilusos para creer que se puede cocinar o vivir como en el siglo pasado.

La invitación es a la actividad más que a la pasividad, pero siendo selectivos y conscientes de como utilizamos cada momento.

Volver la naturaleza

Severino García es en Asturias pionero en trazar el camino de regreso a una vida más lenta. Como creador de una iniciativa de turismo rural sólida y coherente ha presenciado el declive de una idea nacida para regenerar poco a poco la población y el desarrollo de los territorios rurales.
Severino García
Severino García

La persistente y devastadora lógica de los beneficios rápidos hizo su trabajo, convirtiendo en inversión lo que era un proyecto apoyado en el tiempo lento como filosofía.

¿Cómo llegaste al Slow Life?

Lo primero que llama la atención a quienes vienen es el sosiego, aunque yo me siento estresado, comenta mientras sonríe. No llegué porque lo leí, no he planificado ser lento.

Al final es la gente que refleja las cosas y las interpreta. Es algo intuitivo y lo hago porque me gusta, responde a una necesidad.

¿Cómo empezaste?

Soy tan experto y urbanita como los demás. Los desajustes y las equivocaciones al principio son inevitables. Era incompetencia por intelectualidad. Lo que tenía al principio era un imaginario y la necesidad de recomponer las raíces. El aprendizaje fue experimentar.

Cuando me instalé en Argüero todo estaba por hacer pero el esfuerzo no me asustaba, influencia calvinista. La situación era difícil como ahora, había un 20% de paro. Mucha gente se iba al campo, se montaron comunas. Conseguir una casa en el campo era viable.

¿Cómo es ahora?

Crece el número de gente que busca salir de la ciudad, habitualmente con perfil cultural alto. Me llegan mensajes, quieren montar su proyecto pero con 50.000 euros no se puede hacer nada. Está casi imposible porque no hay territorio accesible con pocos recursos.

No existe otro modelo que el especulativo para mucha gente. El que tiene un prado que no vale nada no lo vende porque no vale nada. Y todo se sostiene con la burbuja de la subvención, incluyendo la pensión, en el caso de Asturias con la minería. Los empresarios que hay aquí no son emprendedores, viven también de ayudas y subsidios.

¿Bajo que mitos estamos viviendo?. Ya desde la época de Franco no hay objetivos ni ganas de esforzarse. Vivimos en una cultura improductiva, nos tienen inmovilizados. Falta autonomía y voluntad de ser independiente. Hay una conformidad con la dependencia, con lo que te dan.

¿Dónde sitúas las causas?

Creo que la diferencia es el aprendizaje, yo lo aprendí fuera de España. Aquí lo que hay es una obsesión por lo material. Faltan expectativas. Son una cuantas generaciones que no conocen otra motivación. En Europa la gente se preocupa menos de la apariencia y el consumo.

¿Cómo ha sido la relación con la gente del entorno?

De nosotros al principio pensaban que eramos unas locos gilipollas, luego unos locos hijos de puta. Porque al final lo que hicimos fue recoger unos recursos y ponerlos en valor.

Sobre una granja cercana, un vecino me dijo “entonces nosotros somos gilipollas”, porque ellos han conseguido vivir dignamente. El problema es que su indignación se centra en que no reciben suficientes ayudas y los precios que se les pagan son muy inferiores a los del precio final, pero no en el modelo de granja que les han vendido.

¿Que le está pasando al modelo de granja convencional?
Estabulación convencional de gallinas. Fotografía de http://eco13.net
Fotografía de http://eco13.net
Fotografía de http://www.ecovera.es
Fotografía de http://www.ecovera.es

Las granjas modernizadas no tienen futuro, porque no están basadas en el territorio, ni generan productos sanos. La vaca no se alimenta del territorio, sino de maíz transgénico. En eso consiste la modernización que además está infectando el terreno con herbicidas y fertilizantes, la presencia de la hierba es testimonial. La granja se ha convertido en una fábrica.

La normativa sobre bienestar animal y medioambiental no se cumple. La relación afectiva de las pequeñas explotaciones con los animales se perdió totalmente. Ahora se tratan a gritos y palos desde primera hora hasta la última. No es una cuestión cultural, porque nuestrxs abuelxs no lo hicieron así.

¿Cómo te las arreglas tú en ese terreno?

Mis animales son para el autoconsumo, también ofrecemos apadrinamiento. El que apadrina puede venir a ver el animal sin que le suponga un coste en estructuras. En algún caso la familia los acaba adoptando.

¿Qué te parece la idea de intercambiar trabajo por alojamiento?

El intercambio es complejo, la dinámica me coloca en el papel de empresario y eso no me gusta. Porque ahí ya no estamos en lo afectivo, sino en lo laboral.

¿Qué nuevas ideas están surgiendo para afrontar la crisis?

La del Horreo Aventura, se me ocurrió el año pasado en un Laboratorio de innovación. Pensamos que era interesante eliminar todo lo superfluo en el alojamiento. Fue un boom, salió en los periódicos y las radios… y a los dos días tuve inspección de turismo en casa, jajaja.

Fotografía de http://www.gaiaysofia.com
Fotografía de http://www.gaiaysofia.com
¿Más allá de lo que se te pueda ocurrir a nivel particular que está pasando a una escala más colectiva?

Se está superando el individualismo dominante en los últimos años, creando sinergias con otros proyectos como el de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, el Instituto Jane Goodall.

Es una forma de tejer lazos con otros visiones distintas a las del turismo rural, lo que algunos expertos definen como hibridación.

¿Hibridación de estrategias ?

En Ciencias sociales lo llamarían mestizaje, en este caso aplicado a la ecología. Es un concepto que empieza a emerger en todos los sectores de actividad, busca cruzar disciplinas y expertos en materias aparentemente no relacionadas para crear nuevas formas de negocio y desarrollo.

Se trata de converger en la búsqueda de un modelo diferente, integral y más sostenible como alternativa al modelo hegemónico al que nos ha llevado a esta crisis.

Así nació el proyecto de Ecoagroturismo, pero esa ya es otra historia que contar…

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