música — 3 mayo, 2011 at 18:57

Lo que el Lev nos dejó

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Un cuarteto de cuerda, un piano negro azabache y visuales de alto contenido conceptual destilando poesía a borbotones, fueron los elementos con los que Johan Johanson se presentó en el magnético concierto que marcó la línea de salida de la quinta edición del LEV en Gijón.

Un trayecto sonoro y visual de dos jornadas trufado de estilos distintos y distantes en sus búsquedas y referencias. Algunos con marcada  presencia en la programación como el dubstep, subgénero oscuro con inclinación a la atonía, integrado en la extensa familia generada alrededor del drum and bass.

La diversidad técnica y compositiva  de la música y los visuales en la electrónica experimental se manifiesta desde su nombre. Eso explica que trabajos como el del islandés Johanson con su sobriedad lírica y delicada, puedan habitar dentro de la misma programación que el británico Photek. En esta ocasión presentando un directo con una marcada, aunque no exclusiva tendencia, a su interpretación más opresiva y alejada del jungle, con algunos instantes de soul en el contexto final del festival.

LOS ESPACIOS

Si el Teatro de la Laboral era y es un marco privilegiado para el encuentro y la escucha compartida, con un equipo humano competente y amable, factores como la acústica focalizada  desde el escenario hacia el frente, descuidando los laterales, son más cuestionables.

Algo parecido sucedía con el otro gran escenario, la nave del Centro de Arte, por estar situado al fondo, en este caso en un espacio más alargado y estrecho. Cabe preguntarse por qué no potenciar más la circularidad que la linealidad en la distribución del cosmos humano que se congrega entorno a la proyección de imágenes y sonidos.

Juanjo Palacios

En el Jardín Botánico, un entorno hasta entonces  poco frecuentado por la música electrónica y sin embargo perfecto para convocarla y asimilarla, según comentan no pocas voces, sucedió lo más inesperado.

Fueron los impecables ambientes sonoros de Juanjo Palacios los primeros en conquistar la atención de un respetable público visiblemente tocado por la descarga nocturna de horas atrás.

Texturas tejidas con estilo y precisión, capas de realidad que se superponían con elegancia y sabiduría, limpieza y combinación inteligente de silencios, sonidos y armonía, todo eso tenía y tiene el trabajo de este fonografista asturiano.

Doce sobre diez se llevaría también si fuera necesario puntuar, Ametsub. Revelación tan inesperada como sobresaliente de un músico convertido en manantial de pliegues melancólicos y dimensiones envolventes. Creador de paisajes que combinan ritmos y atonías y provocan la contenida presencia de la vibración que da origen a la empatía.

OTRAS PRESENCIAS

En las antípodas de la sencillez y la mesura del único artista oriental de esta cita, se situó la noche anterior un deslumbrante y andrógino Apparat con disparidad de momentos en ocasiones brillantes, casi siempre penetrantes. Un iniciático itinerario sonoro el suyo para el trance desde los primeros hasta los últimos beats.

Ametsub

Hendrik Weber
El otro alemán presente en LEV, Hendrik Weber, es el que da vida a Pantha du Prince.

Weber que considera las distinciones entre géneros innecesarias y la música electrónica como bosque y ritual de expedición de los urbanitas, cautivó, con sus remezclas cercanas al pop de raíces ancestrales incluso a quienes menos lo esperaban.

Sean Canty y Miles Whitaker, el duo inglés que integra Demike Stare, se conocen desde hace más de veinte años y se nota. También próximos a ritmos tribales, su sesión combinó elementos del tribalismo, música concreta y elevadas dosis de hipnosis.

King Midas Sound

El trip hop  intercultural de King Midas Sound,  las descargas con ecos de gansta rap ecléctico de Harmonic 313 y el sonido sofisticado y atmosférico de Architectural, entre otros, nutrieron con sus tracks de calidad a un público entregado que un año más confirmaba con presencia su confianza en un festival en el camino de convertirse en referencia en la escena de la creación electrónica contemporánea internacional, el LEV.

Un Laboratorio en el que los visuales ocupan un espacio propio, este año dedicado especialmente al canadiense Herman Kolgen.  Considerado escultor audiocinético, de cuya preocupación  por  los estímulos sensoriales dieron buena prueba sus piezas, “Dust” e “Inject”.  Ambos trabajos organizados alrededor del concepto de orgánico, con la tensión temporal como epicentro.

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