cooperación — 18 diciembre, 2012 at 17:58

Monedas libres: formas de crear dinero

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Los procesos de moneda social no son fáciles de explicar, pero no tanto como  las caprichosas fluctuaciones de la prima de riesgo.  Implica romper  lógicas en las que llevamos largo tiempo atrapados, la de la moneda única y el monopolio de su creación por los bancos  centrales. También supone sustituir la escala global por la local.

La lógica de la Moneda.

Hay que partir de que la moneda en sí no crea riqueza, no son el euro ni los intereses los que crean riqueza, sino las relaciones que hay detrás. Y aún más importante -como sucede con el uso de otras cosas aparentemente imparciales como la tecnología- el dinero no es imparcial.

El sistema monetario que actualmente gobierna nuestras relaciones económicas  plantea no pocos problemas  que pueden resumirse en uno: está diseñado para beneficiar a quienes lo proveen,  no a quienes lo usan.

Entre esos inconvenientes está el hecho de estar basado en la deuda y en la escasez ya que el dinero para pagar el interés jamás es creado.

Pero además promueve  la corrupción ya que puede ser conseguido sin que haya mediado ningún servicio o producto, es decir, mediante especulación, interés, juego, etc. de modo que la gente se concentra en conseguir dinero antes que en producir algo de valor.

La usura es además la herramienta utilizada por quienes concentran la mayor cantidad de capital para conceder al resto un acceso al dinero efímero y precario. Como resultado de esto y de lo anterior nos encontramos frente a la inexistente movilidad social, o lo que es lo mismo, frente a un reparto muy desigual, o si se prefiere desquilibrado, de oportunidades.

La moneda social representa lo opuesto, el empoderamiento. Pero -como cualquier otra herramienta cuyo objetivo sea cambiar comportamientos- requiere de cierto tiempo para tener un impacto significativo. Los resultados a corto plazo son cualitativos más que cuantitativos. Cuando esto no se comprende, quienes la promueven corren el riesgo de desanimarse.

Opciones son razones

Karl Polanyi decía que “el capitalismo nos ha hecho esclavos de una única forma de intercambio”. Pero quizá estemos a tiempo de estimular otras que ya existieron antes, y que tienen que ver con dos valores esenciales, la reciprocidad y la solidaridad. Un ejemplo de esto en la actualidad podrían ser los bancos de tiempo; si queremos ir un paso más allá el ejemplo sería la moneda local.

Hay que tener en cuenta que no servirá de mucho sin una estrategia sostenible de desarrollo humano detrás.  Esto se debe a que, por muy local que ésta sea, la lógica de la moneda es económica por naturaleza y de ahí la necesidad de añadir la lógica social y medioambiental.

Las razones para la creación de monedas sociales son variadas y de peso. Para uno sus impulsores, el sociólogo Didac S. Costa, se podrían resumir así:

  • Pueden construirse desde el día a día de una población rural o un barrio, por individuos de todas las edades y colores.
  • Posibilita aprendizajes necesarios para crear un mundo mejor, como la cooperación, la confianza o el despertar de nuestros talentos.
  • Las redes de intercambio con moneda social son espacios de democracia directa en lo económico.
  • No es escasa ni sirve de nada acumular ya que no hay intereses y se puede acceder a ella fácilmente.
  • Recupera el tejido social y las formas ancestrales de apoyo mutuo.
  • Surgen nuevas oportunidades laborales cooperativas.
  • Son la pieza que podría servir de nexo entre las experiencias de economía social –cooperativas de trabajo y de consumo, redes de consumo responsable, centros culturales alternativos, institutos ecológicos, ecoaldeas, etc.– permitiendo que trabajen de una manera mucho más coordinada y eficiente entre sí.
La suma de todo lo anterior convierte a la moneda social desde hace algunas décadas en territorio de experimentación para una economía transparente que permite dar pasos cada vez más urgentes: que las personas excluidas del euro puedan visibilizar y dar valor a su trabajo e  intercambiar bienes y servicios en un marco de relaciones inclusivo, ético y participativo. 
Otra de sus capacidades es devolverle a la ciudadanía su antigua capacidad para crear la moneda responsable y personalizada, dando así alternativa a un sistema económico que beneficia a un cada vez más estrecho porcentaje de la población, hasta el punto de impedir al resto desarrollar su capacidad individual y colectiva para cubrir  sus necesidades básicas.

Construir el marco

Existen posibles mapas, a seguir en función de los consensos de cada comunidad de intercambio. En general construir el escenario para una economía a escala más humana equivale a crear aquellos ámbitos y hábitos que nos permiten trabajar en red, recuperar tejido social y reforzar los vínculos a escala local.

El debate lleva tiempo abierto y en él se trata de la moneda libre como concepto, de su comunicación, de la organización de las relaciones entre redes, y de cómo abordar los tratos con comerciantes y productores ecológicos (las dos patas complementarias del triángulo usuarios-productores-servicios) esenciales para una propuesta de economía integral.

Los encuentros son, desde un punto de vista humano y logístico, esenciales para afrontar  más fácilmente aspectos comunes. Pero cada una de las redes es independiente de las demás y tiene sus propias peculiaridades, lo cual no ha impedido que se haya alcanzado un alto grado de coordinación entre los diferentes sistemas locales. Un ejemplo de esto es el CES, donde es posible utilizar la moneda de una comunidad en otra.

Característica común que las monedas libres comparten es que todas están libres de tipos de interés. Su función no es acumular, sino estimular y fomentar la unión de productores y consumidores responsables. De este modo se evita la especulación financiera y se potencia la economía real.

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