arte — 9 febrero, 2012 at 2:53

El viaje de un NO global

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¿Qué hubiera sido de Picasso sin el Guernica? ¿qué pasa con el Arte cuando lo que persigue explícitamente es visibilizar lo que no queremos ver ? ¿qué ocurre cuando además se dirige como un cohete a señalar una buena ración de las causas del expolio contemporáneo?.

El artista de la conciencia

La alineación y la explotación de las personas en el Sistema Capitalista; la injusticia, la desproporción y la desigualdad en el reparto de la riqueza o la discriminación racial en un mundo atravesado por flujos migratorios unidireccionales (sur-norte), son precisamente las razones con las que Santiago Sierra (Madrid, 1966) ha construido una obra tan lúcida y transgresora como poderosa.

Dice mucho su valor  el hecho de que ha expuesto en prestigiosos museos, centros de arte y galerías de todo el mundo, como en el Museo Kiasma de Arte Contemporáneo (Helsinki), en el Kunst-Werke (Berlín), en la Kunsthaus Bregenz (Austria), en el MOMA (Nueva York) o en el Artium(Vitoria).

Pero lo que más eleva la cotización de su trabajo es la dosis de verdad que contiene cuando explora los mecanismos de segregación racial en “Contratación y ordenación de 30 trabajadores conforme al color de su piel” o cuando esculpe la alienación con “11 personas remuneradas para aprender una frase”.

Llegó al punto de paralizar los flujos de capital y mercancías con “Persona obstruyendo una línea de containers” y levantó muchas ampollas cuando exhibió ante banqueros, directores de museos y alta sociedad 21 monolitos compactos de caca seca. Literalmente mierda recolectada a mano por mujeres de Nueva Delhi y Jaipur “cuya casta les impide tener otro trabajo que sacar la mierda de los baños públicos”.

La conciencia del público

Su obra  ha sido comparada con la de Marina Abramovic, ha impactado en la literatura crítica internacional y son muchos los teóricos e historiadores que se han ocupado de ella.

Pero en su propio país lo que le ha catapultado a la fama no ha sido nada de lo anterior. Ni siquiera el exigir el documento de identidad española en la Bienal de Venecia a la entrada del Pabellón de España, dejando fuera al embajador español porque no lo llevaba.

Lo que ha lanzado al llamado “artista de la conciencia” al centro de la mirada pública española es haber rechazado el Premio Nacional de las Artes y sellarlo además con una carta que no tiene desperdicio y hará historia.

Sucede que hace un par de semanas en Islandia, un millonario financiaba su La Cuña Negra, primer monumento a la desobediencia civil y clara referencia al pensamiento anarquista. Una mole de piedra partida por una cuña negra, frente a la entrada al parlamento de Reykjavik. donde se lee el artículo 35 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano:

“cuando el gobierno viola los derechos del pueblo la insurrección es para el pueblo, y para cada persona, el más sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes”

Mientras tanto en España —por desconocimiento y su prima hermana la escasa difusión— su presencia apenas emerge a la luz pública. A este escenario hay que sumar la paralización de los fondos destinados a Cultura por parte de quienes parecen ansiosos de celebrar la ignorancia general.

Así lo demuestra el escaso eco de la reciente presentación de NO, Global Tour —el último y magistral trabajo de Sierra—  en Gijón. Visita que la ciudad debe a uno de sus artistas más polémicos e internacionales, Cuco Suárez, a quien Sierra ha querido acompañar en los últimos días de la Fundación Ladines. Episodio lamentable que merece capítulo aparte, de un tiempo en el que llueve sobre mojado. También capítulo aparte merece la otra invitada del artista asturiano, Mariana David, y el «Proyecto Juárez» de la que es comisaria.

Exposición itinerante de un NO

La protagonista de NO, Global Tour es una escultura de más de 3 metros de alto y 4 de ancho que pesa media tonelada, dos letras que componen una sencilla palabra: NO. Una negativa rotunda y contundente con la que se ha paseado por Europa y Estados Unidos, exhibiendo tanto su caracter universal como las causas que la convocan.

“Una palabra común, sin ninguna tipografía especial, donde el concepto de autor se diluye en un un proyecto multicontexto y magnético, al que se le pegan todos los NOES”. Aunque  matiza, “es diferente el NO del Estado y el NO del ciudadano, son cosas muy distintas.”

El resultado, una road movie de 120 hipnóticos minutos, rodada en 35 milímetros, en blanco y negro. Decisión formal para intelectualizar la imagen en clara referencia al cine de los ’70, período que interesa especialmente a Sierra y estrategia que se nutre de la ironía y de la idea de entrar y salir del mundo del arte:

“de repente expongo en un sitio donde la gente está preparada para recibir el NO como obra de arte, como que me salgo completamente y me meto en terreno real.”

Y cuando sale lo que arroja plano tras plano es una crónica demoledora, la de países enteros atravesados por autopistas repletas de camiones.

Espacios inmensos conquistados por la presencia continua de las marcas comerciales, donde todo es mercancía y la gasolina el motor que lo mueve.

Un  mundo donde la naturaleza esta ausente o degradada a su ínfima expresión; la presencia de animales se resume en gaviotas, algún aguilucho, bichos inertes y en el mejor de los casos caracoles.

Un mundo con ciudades cuajadas de rascacielos, cámaras, donde las personas sólo observan y se desplazan.

NO, Global Tour es una obra maestra por muchas razones; la primera se refiere a la forma en la que está rodada y montada.

“Ha sido una película muy de escultor, el material de más de un año grabando era ingente y fue muy parecido a lo que hace un escultor con una piedra, buscar la película que había dentro”.

La segunda razón resulta de la genialidad de condensar y materializar con sólo dos letras la situación, el pensamiento y el sentimiento de millones de seres humanos.

La presencia del NO compartiendo espacio público con el Capitolio, con una mega-fábrica de productos químicos, o instalado frente a un paisaje devastado por el abandono y la aridez, produce una sensación próxima a la catarsis individual y colectiva. La que produce  la observación de nuestro deteriorado entorno y la evidencia de que lo hemos olvidado para ocuparnos de nuestras paredes.

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7 Comments

  1. Muchísimas gracias por divulgar este tipo de apuestas.
    Interesantísimo. Un saludo!

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