breves — 14 enero, 2012 at 9:12

El público renuncia a servir de masa

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La Cultura, esa dimensión social que para muchxs es prescindible en tiempos de austeridad, sigue siendo, para quienes se lo pueden permitir, un territorio irrenunciable. ¿Por qué será? Quizá por aquello de que el entretenimiento alimenta el espíritu o quizá porque, como dice el escenógrafo Peter Sellars,

“el arte refleja la grotesca realidad en la que hoy EEUU, (no digamos Europa) se destruye a sí mismo”

A Journey with Peter Sellars © Agat Films & Cie/ARTE France doku-arts.de

El caso es que este director de escena estadounidense  ha desembarcado  en el Teatro Real  con un montaje que fusiona Iolanta de Tchaikovski, escrita 11 meses antes de que se suicidase y Perséphone de Stravinski y André Gide.

En esta versión, Perséphone, escrita en el ’33 cuando el fascismo ya estaba muy presente en Europa, baja voluntariamente a los avernos por un sentimiento de solidaridad con los desfavorecidos.

“Es interesante tener esta pieza ahora, con la gente en la calle protestando, con el fascismo volviendo, sin ninguna disculpa o disimulo. Es impactante”

Peter Sellars (Pensilvania, Estados Unidos, 1957) no es un tipo que pase precisamente desapercibido.  Serán sus tres collares sobre su característico chaleco o esos pelos que parecen haber sido aspirados por un torbellino.

“Buenos días, qué alegría veros de nuevo. Anoche estuvistéis maravillosos” estas palabras dedica Sellars a sus actores refiriéndose a su ultimo ensayo.

Su fama de «enfant terrible» no se debe al trato que mantiene con su equipo artístico, sino por convertir al Don Giovanni de Mozart y a Leporello en dos negros de Harlem. Además ha pasado por la dirección de la Boston Shakespeare Company, el American National Theater y el Festival de Los Ángeles. Su montaje de «San Francisco de Asís», está ya considerado como obra de culto de la dirección escénica lírica.

Reconoce que en estos momentos no concibe otra ópera que no sea política.

“tu responsabilidad debe ser algo más que decorativa, la intensidad moral es una obligación. Y eso es lo que hacemos: un ritual antropológico donde suceden cosas indescriptibles con palabras”.

“Es un proyecto enorme, de lo más ambicioso en lo que me he embarcado. Es una locura, porque involucra muchos mundos, y un descubrimiento para todos”, relata sentado en el patio de butacas.

Su producción tiene que ver con el colapso del sistema financiero y con “todo el maldito embuste que supone”, protesta. Un fraude como al que somete el rey Renato a su pueblo en la obra de Tchaikovski: su hija Iolanta es ciega, pero para ocultarle su discapacidad el monarca prohíbe hablar de belleza, verdad o luz.

“Y todo el mundo interioriza ese sentido de la vergüenza, de asumir toda la culpa. Como en esta crisis. El sistema es la gran mentira, pero nos dicen que recortemos en las escuelas, hospitales… como si nosotros fuéramos el fracaso. Es una ópera muy radical, es el comienzo del simbolismo en Rusia, del arte moderno, de la búsqueda de luz…

Su espléndido buen humor se ensombrece al hablar de la crisis y los recortes:

“El dinero se tiene que usar para algo visionario. Y ahora atravesamos una pesadilla de tecnócratas sin visión. Las decisiones son erróneas. Nadie mira profundamente al futuro, quieren sobrevivir día a día: eso es lo que hacen los gatos y los perros, no los humanos. La reducción a lo práctico de todo ha eliminado el futuro”.

En julio regresa con “Ainadamar“, primera ópera del compositor argentino Osvaldo Golijov, que cierra la temporada del Teatro Real. Ainadamar, en árabe quiere decir fuente de lágrimas y que hace alusión al lugar de Granada donde fue fusilado Lorca .

“Ahora los artistas estamos llamados a ser mucho más imaginativos, resolutivos y elocuentes que nunca. En Ainadamar, por ejemplo, [el artista californiano] Gronk demuestra que la idea más poderosa suele ser la más simple. Todo está pintado y evocado. Cualquiera que lea “El espacio vacío” de Peter Brook entenderá que el lugar donde nacen las ideas no es físico y no tiene que ver con los decorados. Lo que urge amueblar son las cabezas”.

( Extractos de reseñas publicadas en el El País y el Cultural )

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